sábado 3 de marzo de 2012

a mi galleguiño.


Hemos sido tan dispersos e incoherentes, siempre. Odio, amor e indiferencia se alternaban en cuestión de días, a veces de minutos. Y ahora… nada. De nuevo, nada. Y ya hemos pasado por esto otras veces. ¿Es una nada definitiva? O como tantas, ¿volveremos a querernos algún día, a odiarnos? A veces creo que te echo de menos. Pero solo a veces, luego me acuerdo de lo tranquila que es la vida sin ti y se me olvida que te necesito. 


A quién quiero engañar, los dos sabemos que en el fondo me gusta el caos.

sábado 18 de febrero de 2012

Qué raros son los días ahora, papá.

Qué felices eran aquellos en los que compartíamos los silencios por las mañanas en el coche, yendo yo a clase y tú a trabajar -no puedo entender por qué nos quejábamos entonces, qué manía con no disfrutar de lo que tenemos, con ponerle pegas a todo, con encontrar siempre un motivo para ser infelices, para compadecernos de nosotros mismos... Ojalá en esos momentos alguien nos dijera que no seamos tan estúpidos, que en realidad no nos falta nada, que aprovechemos porque esas pequeñas broncas que tanto nos molestan son lo que más echaremos de menos. 

viernes 3 de febrero de 2012

No sé si alguna vez habrás tenido uno de esos sueños en los que dentro del mismo te das cuenta de que solo es eso, un sueño, y de repente te tranquilizas y esperas a despertarte ya con la calma en el pecho, porque sabes que cuando vuelvas a la realidad nada malo habrá sucedido. Yo hoy he tenido uno de esos. Soñé que mi papá se mataba en un accidente de coche. Pero que una voz me decía “no te preocupes, esto no está pasando, ya verás como cuando te levantes está él con su bata granate haciéndose un café en la cocina y te saluda sonriente a pesar de su cara de cansancio”, y he continuado durmiendo con esa esperanza. Ay, pero la pesadilla ha llegado cuando he abierto el primer ojo.